domingo, 6 de septiembre de 2009

¿Víctimas de la Irracionalidad clerical?



¿Somos Victimas de la Irracionalidad del clero?

La exclusión es un tema de no acabar. Cada día no encontramos con incesantes violaciones a los derechos individuales y a los derechos que se encuentran “consagrados” tanto en nuestra constitución como por los distintos documentos y declaraciones internacionales.
Me dirijo en esta ocasión en defensa de aquellas minorías no creyentes en determinado credo, religión o divinidad.
He criticado fuertemente en anteriores ocasiones al continuo irrespeto por este grupo que representa ya 2% de nuestra ciudadanía y que aumenta cada día con realidades y decisiones que nos alejan de todo tradicionalismo cultural.
La hipocresía extrema de estos “fieles” seguidores de su doctrina (refiérase a cristianos en general), trae consigo un exceso de irracionalidad que no les permite observar ni analizar que violan sus propios principios establecidos en documentos meramente históricos e imprecisos y que transgreden los derechos de aquellos que por honestidad intelectual hemos dejado de pertenecer a determinada asociación religiosa y dejado de creer en una superioridad divina que todo lo controla (Inclusive a sus propios seguidores, “pecadores” por naturaleza).
Entra aquí la cuestión de la moral: ¿Acaso es amoral aquel ser humano que se defina como ateo, agnóstico o que adquiera determinada posición que está en contra de cualquier principio basado en la fe?
Pareciera que vamos encontrando una respuesta más racional a este tema. Los principios de los textos históricos o “sagrados” (comúnmente llamados) fueron redactados por personas muchísimos años después de los “profetas” mas representativos, y se basaron en cotidianidades de su vida, no en hechos comprobados tan siquiera por el autor principal.
De esta manera, puedo referirme al carácter subjetivo que ata a una población significativa desde hace más de 2000 años.
Por otra parte, el temor más grande del ser humano (comprobado y respaldado sicológicamente) corresponde al hecho de tener que aceptar la mortalidad en determinado momento, esto causa un vacío interno terrible para el ser humano, el cual debe ser solucionado con la fe puesta en que la inmortalidad no se encuentra en este mundo.
Es lamentable que este vacio mental involucre a aquellas personas que se dedicaron a investigar y analizar profundamente la razón de su exclusión de una sociedad que hasta hace unas décadas atrás era determinada por credos a pesar de que esta idea político-social quedo aislada desde el renacimiento.
Es por esto que nace ahora una iniciativa honesta, que incluye normativas que rigen los derechos humanos a nivel internacional y que harán de nuestra constitución un documento más objetivo en busca del respeto por la igualdad.
La eliminación del actual Estado Clerical creará un principio de igualdad y respeto por aquellos ciudadanos costarricenses que rigen sus principios fundamentados en la moral intrínseca del ser humano y que a diferencia de aquellos que alegan el amor al prójimo, no discriminan por su creencia “divina” o pertenencia a determinado grupo religioso.

Martínez Int.